A lo largo de nuestras vidas somos enseñados a manejarla de la mejor manera posible, muchas veces ésta coincide con la más cómoda, sin correr demasiados riesgos, sin correr contra la corriente. Pero no siempre es así, hay decisiones o sentimientos que te hacen dudar de ti mismo, de lo que eres, de los que te llegarás a convertir; miedos que te detienen y prejuicios que te obligan a vivir como los demás, pero llega un punto en que nuestras vidas necesitan la libertad de ser y de expresarse como sentimos es lo correcto para cada uno. A veces resulta en un cambio radical a lo que fuimos y otras veces es un proceso que culmina finalmente en lo que siempre debió ser.
Cambios y más cambios, la vida no cesa y nosotros debemos seguir su ritmo. Nuestro corazón intentando su alineación con la mente llegando al mejor equilibrio posible, y nuestro diario vivir siendo influenciado por esto, saliendo de las sombras y mostrando nuestros colores reales. Cuando ya no se puede fingir más es cuando se interpone el corazón, pero aún así podemos mentirnos a nosotros mismos, pero si deseamos ser felices no podemos, no debemos, no queremos.