lunes, 13 de mayo de 2013

Stones.


Hurgar bajo las razones no ha de ser constituyente del porvenir, si hay un motivo que impide avanzar debe ser claro y preciso; sin embargo a veces se pierde en los deseos de lo que se quiso. Voces internas guían hacia un camino que se siempre se buscó, pero que de alguna manera en cierto momento se difuminó.
Exigencias de momentos que se han de articular, de palabras que se han de decir y de sentimientos que se han concebir no hacen más que alejar del objetivo si existe una hesitación. Nada es al azar, todo tiene su propósito; y quizás esto no significa que me deba detener sino que debo seguir adelante.

Mar


Lo primero comenzó sin un principio, se movió, no evolucionó y acabó tan poco importante como fue concebido. Lo segundo avanzó más lento, hubo precaución y por eso nunca enfrentó el peligro, no tomó forma y fue irrelevante. Lo tercero fue diferente, produjo rechazo cuando inició, pero en cuanto se desarrollo fue más agradable. El tiempo ablandó al cuerpo y algunos ladrillos se encargaron de mantenerlo al borde de la duda. Nada nunca fue seguro pues cada momento lo hacía más confuso. Quería avanzar, pero no era posible, algo decía que no era correcto; sin embargo la fe insistió en creer, quiso creer. Hubo un punto sin retorno, crear fantasías desde el suelo no estaba en los planes, pero fue todo lo que podía ser ofrecido y fue bien aceptado. Las palabras nunca fueron en vano, pero no se tradujeron en lo que realmente significaban, sólo se oye lo que se quiere oír. Siempre se criticó y analizó situaciones similares, pero nunca se consideró lo que realmente implicaba. La vida se encarga de enfrentarnos y hacernos comprender lo que no somos capaces de percibir frente a nuestras narices .Ya no había verano ni calor, ni primavera, ni valor. ¿Cómo se hace para detener el ritmo del mar sin dañar lo demás?