Distintos eventos nos llevan a diferentes desenlaces, cada
acción tiene una reacción igual o opuesta que repercute en nuestras vidas.
Nuestras decisiones forman nuestros caminos y nuestros errores forjan nuestra
armadura. La vida misma se encarga de equilibrar el mundo, nada es al azar,
nada es en vano.
Un suceso inesperado me condujo a un encuentro impensado,
pero no por eso ajeno a mi voluntad. Un abrazo cariñoso, una sonrisa y una
palabra que extrañaba escuchar, el ruido de la cuidad y la impaciencia de sus
habitantes adornaban la situación, pero ya nada importaba. Recuerdos de una
vida y ambiciones de un futuro eran lo que interesaba. Un deseo latente de una
conversación constante por la que no hacemos nada al respecto, y una espera
eterna por oír lo que queremos, o por articular lo que negamos, o por aceptar
lo que seremos.
Ayer sí, hoy probablemente no y mañana… quizás.
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